jueves, 14 de mayo de 2015

Eppur si mouve
Por Herbert Vargas 


El 2,3 y 4 de mayo de 2015, un alto oleaje azotó las costas del pacífico mesoamericano. Miles de negocios turísticos situados en la orilla fueron afectados. Al otro lado del mundo, Nepal sufre dos catastróficos sismos en menos de un mes. En Nicaragua, el volcán Telica permanece activo. El fenómeno del "Niño" garantizará que este año Centroamérica sufrirá graves afectaciones en la agricultura y se espera una baja en las precipitaciones. La temperatura del ambiente es más alta que lo usual. El agua escasea. Las industrias continúan sus vertidos a ríos y lagos. Las comunidades humanas tienen sed. Y sin embargo.....
Eppur si mouve
El ser viviente que la humanidad habita
No nos habla en nuestras lenguas
No tiene nuestros gestos
No posee nuestros intereses
porque no concibe "poseer"
ni tiene razón alguna para asumir nuestros significados.
El ser viviente que la humanidad habita,
recibe nuestros más abyectos desprecios.
Y cuando se mueve, porque tiene que moverse,
porque la vida es movimiento,
los/as humanitos creemos que nos agrede.
El ser viviente que la humanidad habita.
Que no lo entendamos no significa que no se comunique,
que no sienta, que no piense.
Al ser viviente que la humanidad habita,
quizá se le acaba la paciencia.
La línea del tiempo señala que debe ser así.
El ser viviente que la humanidad habita, nos habla. Nos grita.
Con el viento. Con la lluvia. Escupiendo fuego. Cuando se mueve.
El mar nos vomita todo lo que le hemos arrojado,
con premeditación, dolo y alevosía.
No queremos ver.
El clima da saltitos caprichosos burlándose en nuestras narices,
abofeteando la arrogancia humana.
No queremos oir.
El agua escasea. La sed nos consume. El calor asfixia
No queremos sentir.
No queremos ver, ni oír, ni sentir pudiendo hacerlo.
Ello nos convierte en excretas.
¿Comprenderemos al fin?
¿O seguiremos creyendo que todo debe girar
en torno a nuestra especie?.
Eppur si muove

viernes, 6 de febrero de 2015

Así en la tierra, como en el cielo

Herbert Vargas (*) | Miércoles, 04 Febrero 2015
Romero le pertenece a los pobres de la tierra. A los hombres y mujeres de buena voluntad.
No soy católico ni volveré a serlo jamás. No profeso ni profesaré religión alguna. Eso no añade ni quita un ápice mi capacidad de tener fe en lo que queda de humanidad en el mundo y en las cosas que mi limitado ser aún no alcanza a comprender.
La tarde del 3 de febrero de 2015, los templos católicos en El Salvador repicaron sus campanas en señal de júbilo por el anuncio hecho por el vaticano en ocasión de la próxima beatificación de Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, asesinado por los escuadrones de la muerte el 24 de marzo de 1980. 
Esta ocasión me parece propicia para recordar que en 1979 Óscar viajó al vaticano, con la finalidad de exponer ante el sumo pontífice las atrocidades de la dictadura militar contra el pueblo inocente y contra el clero católico. En aquel entonces Karol Józef Wojtyła, llamado Papa Juan Pablo II, no recibió a Romero. Pero el arzobispo insistió hasta encontrar al jerarca del catolicismo mientras hacía fila para verle como cualquier otro feligrés. Durante el breve encuentro Romero le expuso la grave situación del país, a lo que el considerado vicario de Cristo reprochó: “no exagere señor arzobispo (…) ¡ustedes deben entenderse con el gobierno!, ¡un buen cristiano no crea problemas a la autoridad! ¡La Iglesia quiere paz y armonía!"
Romero no es ejemplo por permanecer en el sitial de lo divino, de lo inalcanzable. Romero es quien es porque mostró cómo vivir con humanidad. A pesar de su filiación clerical las acciones de Romero no trazan distancia entre lo divino y lo terrenal, contrario a eso nos acerca a nuestra condición humana, esa en la que se nos permite sentir, errar, que alberga contradicciones y que permite al individuo evolucionar y actuar por sus semejantes.
Quienes ahora celebran la próxima beatificación de Romero, deberán honrarle siguiendo el ideario del mártir y empujar por la dignidad y justicia en esta tierra, que como canta el grupo Yolocama Ita: “vio pasar al profeta”. Una parte fundamental de ese ideario es el perdón. Quienes honran a Romero deberán comenzar por algo muy difícil, perdonar a sus asesinos, sin renunciar jamás a perseguir la justicia para las víctimas de la sinrazón. Y para lograr el perdón hay que conocer, comprender para luego perdonar.
Los asesinos de Romero andan libres, por ahí, en esta tierra, cargando sus propias cruces. También las ideas de los asesinos de Romero andan por ahí, y hay que enfrentarlas así en la tierra como en el cielo.
La idea de Romero le pertenece a los/as pobres de la tierra, a los hombres y mujeres de buena voluntad y aunque el reconocimiento al sacrificio de este hombre por parte de una institución desvencijada que intenta seguir legitimándose está de sobra, la noticia es alentadora, como alentadoras fueron las palabras y acciones de este ser, que envuelto en sus humanas contradicciones, fue un luchador por la justicia en la tierra

viernes, 16 de enero de 2015

La sombra en la pared, los medios y las maras


Vamos a ver. Las "maras" son un fenómeno cultural, ¿cierto?. Que comenzó en EEUU a finales de los 70 como mecanismo social para autoprotección de jóvenes centroamericanos huyendo de las guerras en sus países contra los vejámenes que otros inmigrantes y el sistema mismo les propinaba.
De aquella respuesta violenta, se aprovechó casi desde un principio el narcotráfico -manejado por personas que no son "mareros"- usando a las "maras" como consumidores y pequeños mercaderes de narcóticos. En México, el fenómeno de las pandillas ha mutado convirtiendo a aquel país en 32 estados fallidos. En México no se llaman "maras" sino cárteles, grupos armados, y poseen otros nombres como "Guerreros Unidos",o "La familia Michoacana". En Centroamérica, el fenómeno posee características propias.
Entonces, el abordaje de un fenómeno cultural, comienza con estudios culturales.
Si fuera un tomador de decisión de este país, reuniría un conjunto de estudiosos/as, investigadores/as, hacedores/as culturales, cientistas sociales, para caracterizar el fenómeno de las "maras", porque como me dice un colega que vive en un barrio conflictivo, "no alcanzarán los penales para meterlos a todos/as, ser "marero" es la aspiración de los niños/as, y tienen raíces y colaboradores como las madres, padres,tíos abuelos/as, es una forma de vida al margen del entendimiento de la sociedad y sus leyes, es cultural".
Los estudios culturales para abordar el fenómeno de las "maras", en un país como este, debería ser de los primeros pasos.
Y no, El Salvador no es un estado fallido y ni estâ bajo control de las "maras". La hiperviolencia es estimulada por los medios sensacionalistas. El miedo es ùtil tanto para el crimen como para las ventas de los medios sensacionalistas. Una sombra en la pared, provoca cualquier reacción e interpretación, el miedo es la más destacada.
La violencia, y sobre todo cuando es propiciada por el Estado tal como quisieran algunos militares,como una espiral o madeja, se sabe con exactitud dónde comienza...pero no donde termina